La Palmera y el Cedro del Líbano
- Sara Moreno
- 4 ago
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Un día me encontraba en uno de nuestros servicios dominicales en nuestra iglesia, y el predicador luego de compartirnos su testimonio él mencionó el Salmo 92: 12- 15. El Espíritu Santo puso en mi corazón el indagar más sobre estas comparaciones, la palmera y el cedro del Líbano - me pareció muy curioso que de tantos árboles, nos compara con éstos.
12 El justo florecerá como la palmera;
Crecerá como cedro en el Líbano.
13 Plantados en la casa de Jehová,
En los atrios de nuestro Dios florecerán.
14 Aun en la vejez fructificarán;
Estarán vigorosos y verdes,
15 Para anunciar que Jehová mi fortaleza es recto,
Y que en él no hay injusticia.
-RVR1960
Mientras meditaba en estos versículos noté varias características, siendo la primera;
"El justo" (v. 12).
El “justo” no significa alguien perfecto, sino una persona que vive en obediencia y relación con Dios. Es alguien: que confía en Dios, permanece fiel, y vive conforme a Su voluntad.

"Florecerá como la palmera" (v. 12).
La palmera crece en climas difíciles y desérticos. Puede resistir fuertes vientos, produce fruto por muchos años, siempre mantiene apariencia verde y viva.
En Israel y el medio oriente es símbolo de vida, resistencia y bendición.
La palmera como forma de protección, cuando hay fuertes vientos ella se dobla. De igual manera nosotros como forma de protección en momentos de prueba, cuando hayan fuertes vientos también debemos doblarnos. Doblarnos puede significar el doblar nuestras rodillas, humillarnos delante de Dios, entregándole todo a Él y así resistir a las pruebas.
"Crecerá como cedro en el Líbano" (v.12).
El árbol (cedro) del cual se habla en éste Salmo es uno muy alto y fuerte. Es de madera resistente y aromática. Tiene raíces profundas, y, es un árbol de larga duración. El suelo del Líbano es muy rocoso, para plantar este árbol se debe poner la semilla profunda y cuando va echando raíz puede toparse con alguna roca, la raíz de este árbol abraza esa roca, y sigue creciendo hasta poder llegar a las aguas del suelo (de donde se alimenta). Tanto la palmera como el cedro se alimentan de aguas subterráneas.
Así debe ser nuestro crecimiento espiritual, nuestra fuente no es externa, viene de Dios. Debemos crecer y fortalecernos internamente para que luego haya crecimiento externo. Cristo es esa roca que debemos abrazar, también es esa fuente de agua viva, la cual hayamos más y más a medida que echamos raíces en nuestro crecimiento espiritual.
"Plantados en la casa de Jehová" (v. 13).
Una persona que está plantado en Jehová, es alguien establecido firmemente en Dios, no es movido fácilmente. Estar en la “casa de Jehová” representa: su presencia, comunión, adoración, y dependencia espiritual.
"Florecerán" (v. 13).
En Dios florecerán: “Florecer” simboliza vida visible, crecimiento y evidencia externa de salud espiritual. El florecimiento del justo no depende de circunstancias, sino de la fuente donde está plantado.
El fruto espiritual es evidencia de una vida conectada con Dios.
"Aun en la vejez fructificarán" (v. 14).
El propósito de Dios no termina con la edad. Humanamente hablando la vejez puede asociarse con debilidad física, pero en el Reino de Dios una persona puede seguir: enseñando, aconsejando, sirviendo, orando, y dando testimonio hasta el final de su vida.
"Vigorosos y verdes" (v. 14).
El texto describe frescura, salud y fortaleza continua. "Verdes” simboliza: vida, renovación, permanencia, fertilidad.
En este Salmo Dios nos da la promesa de seguir floreciendo, de ser fructíferos, y de mantenernos vigorosos y verdes. Pero para ello, debemos ser justos y estar plantados en la casa de Jehová (v. 12-13).
"Para anunciar a Jehová" (v. 15).
Anunciarlo es dar testimonio de Él. No florecemos para nuestra propia gloria, sino para glorificarlo a Él y reflejar a Cristo en nuestra vidas.
"En él no hay injusticia" (v. 15).
Nuestro Dios es justo, fiel, perfecto. Por lo tanto podemos estar 100% confiados en Él y en su plan para nuestras vidas.
Para ti que me lees hoy, quiero animarte a que seamos como la palmera: un árbol que se dobla ante el viento para no quebrarse. Que vivamos con un corazón humilde delante de Dios, dispuestos a depender de Él en todo momento.
También seamos como el cedro del Líbano, un árbol que desarrolla raíces profundas y firmes, capaces de sostenerlo aun en medio de las tormentas. Que nuestra vida espiritual esté tan arraigada en Dios que ninguna dificultad pueda apartarnos de Él.




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